Parece que es un mal momento para entrar en el negocio de los cajeros automáticos tradicionales. En un mundo donde el 95% de los pagos se realizan por medios digitales y donde las criptomonedas están en auge, solo queda preguntarnos si se debe redefinir la función de los cajeros automáticos.

A finales de 2014 se lanzó Apple Pay. Samsumg inicio sus propios sistemas de pago en marzo de 2014. Google tampoco se queda atrás y ha relanzado recientemente Google Wallet, una especie de monedero virtual donde se pueden almacenar todo tipo de tarjetas de crédito, débito o regalo para operar con ellas a través del comercio electrónico. En lo referente a pagos a través del móvil se desarrolló Android Pay.

Además, desde el año pasado, el Messenger de Facebook ya permite enviar y recibir dinero a través del móvil. Otras aplicaciones como Twyp o Venmo permiten el envío de dinero entre amigos y los pagos a diferentes establecimientos.

Ante este panorama, el dinero en efectivo tendrá que afrontar nuevos retos si quiere subsistir, al igual que las tarjetas de débito, los cheques o los cajeros automáticos. A nivel global, las pequeñas transacciones de dinero todavía se rigen por el dinero en efectivo. Para compras más grandes se utiliza el resto de los medios de pago. Además, en muchos lugares, si se utiliza una tarjeta para realizar pagos pequeños se incurre en gastos adicionales. Ante esto se plantea que los móviles reemplacen las pequeñas transacciones que se realizan en efectivo.

La crisis financiera dejó a los cajeros automáticos fuera de la lista de prioridades para invertir en innovaciones tecnológicas en los mismos. Por ello, existen dos futuros alternativos para estos aparatos. Por una, parte en los países en vías de desarrollo los bancos ven en ellos una oportunidad para aumentar sus redes, mientras que, en los países ricos, se plantean como una opción más barata para sustituir a las sucursales.

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